El 2020 ha sido un periodo que cualquiera que lo haya experimentado no olvidará fácilmente. Ahora que hace un año que la pandemia mundial del COVID-19 puso freno a casi todos los planes de las organizaciones y asestó un duro golpe a la economía mundial; queremos analizar las lecciones que nos ha dejado esta etapa, incluida la forma en que las inversiones en aceleración digital permitieron a las empresas adaptarse  a los cambios repentinos y constantes.  

Después de comenzar el año con grandes expectativas sobre la próxima década, el 2020 nos demostró que es poco probable que la pandemia sea la última interrupción que veremos, y se ha convertido en una verdadera llamada de atención para cualquier organización que no haya transformado digitalmente sus procesos comerciales y financieros. La transformación digital es fundamental para adquirir la agilidad necesaria para navegar la disrupción y conquistar las complejidades de operar en la dinámica económica global. 

 

Para adaptarnos a la complejidad de las finanzas en la década de 2020 y liderarla con rapidez, aquellos equipos y ejecutivos que dominen los procesos financieros y logren aplicar capacidades más avanzadas, podrán impulsar una ventaja estratégica 

Reducir la dependencia hacia las hojas de cálculo y automatizar y acelerar los procesos manuales, y mejorar la consolidación financiera, permitirá obtener más participación y responsabilidad de los gerentes con respecto a los planes y pronósticos. 

La información y las tecnologías son los activos que impulsan el cambio en la forma en la que funcionan las empresas, el desafío está en integrar las finanzas con el corazón del negocio, y en extraer conocimientos a partir de los datos, consolidándolos en algo que pueda utilizarse en tiempo real. 

 

El aprendizaje automático es el que comienza a mejorar el juicio o la toma de decisiones mediante el uso de algoritmos para analizar datos y proporcionar información, y por ello el ritmo de la automatización en las finanzas se ha acelerado tanto durante años, y especialmente, este último. 

Las finanzas están requiriendo la automatización para reducir el consumo de recursos disponibles requerido para procesar las  transacciones más básicas, cerrar los libros, y realizar otras actividades mecánicas y repetitivas; para así poder reasignar los recursos que se liberan en aumentar la capacidad para un trabajo más estratégico y de valor añadido. 

 

La pandemia ha sido un catalizador para acelerar aún más el ritmo de la automatización para mejorar la agilidad financiera, y la capacidad de recuperación para responder a futuras interrupciones. 

Es una oportunidad para que los empleados desarrollen nuevas habilidades y experiencias, y se preparen para roles nuevos y diferentes; supone una oportunidad real de pasar del trabajo manual a algo más estratégico. 

Como ya comentamos en el último artículo de nuestro blog “CFO, prepara tu negocio para el éxito a largo plazo”, el rol del CFO está adquiriendo un papel de liderazgo dentro de la organización que no todos los directores están dispuestos a asumir; pero el reto consistirá en afrontar que se encuentran en una posición crítica para ayudar a evaluar las opciones y los impactos asociados los cambios a los que nos ha enfrentado este último año, incluida la forma en que la empresa puede crecer y reaccionar de manera diferente en el futuro. 

Y que el liderazgo del CFO se transforme, implica que el talento dentro de la empresa también. Las finanzas se centrarán más en la tecnología y las habilidades de análisis de datos, en la medida que se impulse la aceleración digital dentro de la empresa. Por ello, es necesario encontrar empleados dispuestos y entusiasmados por asumir nuevos desafíos y aprender nuevas habilidades. 

 

De esta situación se saca en claro que hay que aprovechar toda la tecnología y datos disponibles para ayudar a aclarar lo que depara el futuro, y para reunir todos los recursos y poder enfrentarlo con confianza, respondiendo a las interrupciones ágilmente y aprovechando las oportunidades cuando surjan. 

A menudo se ha pasado por alto el valor de los resultados menos tangibles, los impactos indirectos como mejores decisiones, reducción de errores y riesgos, mejor conocimiento de la marca y mejor participación del cliente; que también tienen un valor y deben considerarse.  

En conclusión, para poder liderar con rapidez, las organizaciones necesitan eficiencia en los sistemas de tecnologías de la información, procesos ágiles y la capacidad de entregar resultados financieros y operativos precisos para poder tomar decisiones en toda la empresa.