Vivimos en un mundo repleto de oportunidades,  con las herramientas necesarias para conseguir una vida plena y maximizando nuestra felicidad, pero ¿nos damos ese placer? 

La mayoría de nosotros pensamos que vivimos la vida que queremos, pero nuestra sociedad nos llena de obligaciones y vivimos de forma acelerada, lo cual nos deja poco tiempo para nosotros mismos. Entonces, ¿realmente llevamos la vida que queremos? 

Alan Watkins, neurocientífico, experto en liderazgo y en rendimiento humano,  nos da una visión que nos puede ayudar a conocer y plantearnos si realmente vivimos esa vida tan buscada o vivimos esa vida de manera automática. 

Partiremos de la base de que tanto las organizaciones como las personas nos podemos desarrollar en dos niveles o dimensiones:

Aprendizaje horizontal

Es aquel aprendizaje que la mayoría de nosotros trabajamos, tratándose y promoviendo la adquisición de nuevos conocimientos, experiencias y habilidades a través de la formación, entrenandonos día a día acumulando información.

Desarrollo vertical

El desarrollo vertical no solamente trata de la adquisición de nueva información, sino de conocer nuestra conciencia a través del autoconocimiento. Es decir, aprender a gestionar nuestras reacciones y nuestras respuestas para conseguir controlar nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestro comportamiento, ayudándonos a ser mejores personas.

Watkins define 5 etapas del desarrollo vertical. Vamos a hacer un viaje en el tiempo y volver al día en que nacimos para explicarlas. 

Ser físico (0-1 año)

El primer paso es la identificación de nosotros como seres físicos independientes. A partir de los 6 meses, somos capaces de identificarnos viendo nuestro rostro reflejado en un  espejo. Es entonces cuando empezamos a entender nuestra entidad, nuestra existencia y que compartimos una misma fisiología al igual que el resto de seres humanos.

Ser emocional (1-3 años) 

Hasta el primer año un bebé básicamente se dedica a llorar y hacer sus necesidades. A partir de entonces los niños empiezan a tomar decisiones de manera emocional principalmente porque tienen hambre, sed o porque ven un objeto que se siente atraídos. Y es allí cuando ellos empiezan a ser capaces de demandar una necesidad que si no se les otorga lo más probable es que su pequeño ser emocional reaccione con un lloro o una pataleta.

Podríamos poner un ejemplo, que seguro que hemos podido observar e incluso hemos vivido de primera mano cuando estamos en un supermercado y vemos que un niño tiene hambre y ve comida en la cola de la caja y le pide a su madre que le compre las golosinas. Es allí cuando tomamos la decisión de no comprarle y el niño empieza a llorar porque como él tiene hambre entiende que le has de comprar para satisfacer su necesidad.

Auto concepto (3-6 años)

Nos encontramos en esa edad donde empezamos a aprender palabras con mucha rapidez, concretamente 6 palabras al día. ¿Sabéis cuantas palabras necesitamos para hablar un nuevo idioma? Necesitamos 200, lo que quiere decir que aproximadamente cada 2-3 meses podríamos iniciar a establecer conversaciones con nuevas lenguas.

Es cierto que a partir de los 18 meses podemos empezar a pronunciar palabras, pero no es hasta este periodo que comprendemos que el idioma es un sonido que utilizamos para representar un concepto. 

Aprender las reglas  (6-9 años)

Es la etapa en la que empezamos a aprender las reglas que gobiernan los conceptos, es decir, cuando empezamos a asociar conceptos. Por ejemplo cuando asociamos que un perro hace; guau guau y un gato hace;  miau miau. Aprender las reglas y aprender el papel que tienen. Como si fueran guiones sociales, y jugar a tener roles.

Etapa transpersonal (9-14 años)

A partir de los 9 años el córtex frontal permite pensar en abstracto y en consecuencia empezamos a cuestionarnos las normas. De todos esos conceptos que hemos ido aprendiendo a lo largo de los años, y posteriormente hemos asociado con papeles y reglas en nuestra sociedad, los empezamos a cuestionar a nuestro parecer. 

Durante la adolescencia, nos hacemos preguntas y ponemos en duda las normas, principalmente las establecidas por nuestros padres, intentando darles un sentido o identificar porque funcionan diferente en función de nuestra etapa de desarrollo. Por ejemplo, ¿por qué tengo que ir a la cama a las 11 y tú puedes quedarte hasta más tarde? Ésta es una etapa natural del desarrollo y que no debemos reprimir. Al llegar a la vida adulta (18 años), las normas  impuestas por nuestros padres y/o tutores van desapareciendo y empezamos a ganar autonomía y a sentirnos más responsables de nuestra vida, pero no es así. Las normas de nuestros padres no han desaparecido, sino que ahora quien las dicta es la sociedad. Llegamos a la vida adulta y se espera de nosotros que estudiemos una carrera universitaria, consigamos un trabajo, nos compremos una casa y creemos una familia.

Esas normas impuestas en la sociedad son las que nos hacen retroceder a la mayoría al nivel 4 de nuevo. Ejecutamos o vivimos nuestra vida intentando cumplir con estas expectativas sin pararnos a pensar si realmente es lo que nosotros queremos. Por lo que nos encontramos en ausencia de desarrollo, ausencia de madurez, limitándonos a formarnos de manera horizontal, siendo aprendedores brillantes y siguiendo unos patrones marcados por terceros. 

Lo idóneo sería que todos llegáramos y nos mantuviéramos en la quinta fase, una fase de autoconocimiento y autorreflexión donde nos pudiéramos plantear hacia dónde queremos ir y cuáles son nuestros objetivos vitales, sin embargo, sólo unos pocos lo consiguen. Por desgracia, muchas de las personas que logran mantenerse en el quinto nivel ha sido a raíz de algún evento traumático que les ha hecho romper con su vida planeada. El dolor causado por la pérdida o la herida ha sido el motivo que les ha llevado a parar y pensar en el sentido de su vida. A partir de dicha reflexión, han redirigido su vida y sus metas, hacia aquello que realmente les llena y da sentido a sus vidas. 

Así que, siguiendo la filosofía de Joseph Campbell, profesor y escritor estadounidense, y su lema “persigue tu felicidad”, la clave para cambiar nuestra vida y cambiar nuestro futuro está en identificar qué nos hace felices y así lograremos  llegar a la etapa transpersonal.

 

Ignacio Gassó, Co-Founder & COO